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Balenciaga, permanecer en lo efímero es el nombre del documental dirigido por Oskar Tejedor.

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El hilo conductor de la cinta es la construcción de un traje de Cristóbal Balenciaga, “que realiza Juan María Emilos, discípulo del modisto de Alta Costura, para la hija de la Marquesa de la Torre, mecenas del diseñador desde el momento en que aceptó hacerle un vestido con una tela que le dio”, explicó a Efe Tejedor.

Balenciaga, permanecer en lo efímero recorre la vida del diseñador, desde su nacimiento en el seno de una familia humilde, su padre pescador y su madre costurera, hasta su éxito en París, donde mujeres como la duquesa de Westminster, la condesa Mona Bismark, las actrices Greta Garbo y Marlene Dietrich o la millonaria Barbara Hutton compraban sus colecciones.

El diseñador Givenchy, gran admirador de Balenciaga, que siempre albergó la esperanza de trabajar para él, desvela en el documental que “en los años 20, Balenciaga viajaba a París, donde compraba modelos de alta costura de Chanel o Vionnet”.

Modelos que desmontaba y montaba con la misma tela, una vez que transformaba y modernizaba las mangas, “era un arquitecto con las telas, un vanguardista del diseño”, añade Givenchy, quien asegura que “las mangas eran su gran obsesión, ya que era la única forma de dar libertad de movimiento a la mujer”. El francés no tiene reparos en reconocer que los guantes y los sombreros que realizaba el guipuzcoano “eran los más bonitos de todo París”.

Por su parte, Emanuel Ungaro, que tuvo “la gran suerte” de trabajar en el taller parisino de Balenciaga, de quien aprendió “el a,b,c de la alta costura”, cuenta en el filme que el costurero “se desvivía por encontrar los tejidos que le permitían esculpir vestidos con volúmenes, poco a poco con misterio”.

Para Balenciaga, que revolucionó la moda femenina con sus siluetas sueltas y caída, la elegancia era una manera de hablar, de expresarse, jamás trabajaba con la idea de que el vestido fuese más que la mujer.

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